martes, 13 de julio de 2010

La España del Mundial de Sudáfrica 2010

La Selección Española de fútbol se ha proclamado Campeona del Mundo no sin poco sufrimiento, con toda seguridad con más que en la consecución de la Eurocopa. Una fase de grupos con rivales duros, correosos y poco vistosos que parecía más que asequible pero no auguraba un camino preciosista. El tropiezo inicial ante Suiza fue bastante duro aunque más por lo inesperado que por la forma, ya que España no generó muchas ocasiones pero es justo decir que dominó el encuentro y fue fiel a sí misma. Honduras resultó ser un trámite, por mucho que nuestros nervios nos hicieran pasarlo mal. Chile, por su parte, nos enfrentó con el planteamiento más interesante que España había recibido durante toda su andadura mundialista: líneas juntas y bien arriba, presión sobre el poseedor y eliminación de líneas de pase, agresividad colectiva y juego duro para tapar fisuras. España se encontró con un buen resultado pero no sería justo decir que fue netamente superior a una Chile que, recordemos, le secuestró la posesión a La Roja durante la primera parte. Al final los goles son siempre el condicionante más importante en el fútbol y cambiaron el desarrollo de un partido que terminó mejor de lo que pintó durante gran parte del mismo.

En los cruces la imagen mejoró. El equipo pareció dejar atrás el recuerdo del primer accidente ante los suizos y se reencontró a sí mismo. Portugal se fajó en la primera mitad sin apenas conceder oportunidades pero tampoco generó gran cosa. Esto permitió a España decidirse a ir a por el partido y, sobre todo tras la entrada de Llorente, encerrar a los lusos en unos 30 minutos finales que traían a la memoria sensaciones de la Eurocopa. Esos 30 minutos fueron lo mejor que le había pasado a la Selección hasta ese momento pero, a su vez, se convirtió en lo peor. Un gran Martino modificó el sistema habitual de Paraguay para ahogar la circulación de una España que no supo igualar el nivel de activación paraguayo durante gran parte del partido, tal vez contagiada de ese favoritismo que se la concedía a priori. En este caso, unos minutos locos con penalties y polémica arbitral sirvieron para despertarnos y hacernos atacar el resultado. Una vez más, Villa fue el goleador de un conjunto que caminaba hacia la Historia.

Alemania era el rival con mayúsculas, hasta tal punto que se empezó a considerar que, con Brasil ya eliminada, la Semifinal era sin duda el último gran escollo que nos quedaba. Se pensó que los de Low manejarían registros diferentes a los que habíamos tenido en frente hasta ese partido pero no resultó ser así. Una Alemania más tímida de lo normal, condicionada por la baja de Muller hay que pensar, no fue capaz de competir el mediocampo a los Busquets, Xabi Alonso, Xavi, Iniesta y (qué partidazo el suyo) Pedrito. Todos ellos firmaron su mejor partido colectivo y lideraron el recital español. El gol, tal vez algo tardío, del capitán Puyol es un guiño a la gran trayectoria de este jugador con el combinado nacional.

España se había plantado en la Final. Llovían los elogios y las apuestas se desequilibraban claramente a nuestro favor. Qué duda cabe de que los finales de partido, donde España siempre mejoró su imagen, estaba viciando el análisis, especialmente de la prensa más sensacionalista. España estaba a un paso de firmar la página más brillante del fútbol nacional; sin embargo, su camino había sido complicado y se alejaba bastante de la estética de la que se presumía. Pocos ratos de buen juego demostró La Roja en este Mundial, ésa es la verdad, por más que hayamos ganado en oficio y en resultadismo y seguramente haya sido ese cambio el que finalmente nos haya llevado a lo más alto internacionalmente. El sistema era estable pero no fijo. La disyuntiva en cuanto a la titularidad de Torres o no, así como entre sus posibles sustitutos, estaba abierta y tenía fundamento por ambas partes. La incertidumbre generaba dudas aunque el país mantenía el convencimiento por bandera. A posteriori es justo decir que Vicente del Bosque acertó en todo pero no lo es menos comentar que España se paseó por el alambre durante el campeonato. Generalmente, las primeras partes han dejado sensaciones bastante malas donde lo mejor ha sido las pocas ocasiones rivales. El cambio recurrente entre el 4-1-2-3 y el 4-1-4-1 volvía inestable al equipo, más cómodo cuando se reforzaba el mediocampo pero menos dañino.

Ante una Holanda previsible en cuanto a alineación y casi podríamos decir que a forma de jugar también, España sale bien pero lo efímero de ese esperanzador comienzo hace pensar que el partido no viene todo lo trabajado que debiera. En mi opinión, no salir con 2 delanteros fue seguramente lo más discutible, a pesar del gran partido de Pedrito en Semis, ya que la alineación y el sistema holandeses obstaculizan enormemente el juego entre líneas. Línea ofensiva experta a la espalda, doble pivote rascador que no quiere jugar ni que se juegue y defensa que sufre aculada y por arriba. Características que invitan a un partido jugado en pocos metros que penaliza enormemente los errores. Holanda, por lo tanto, se sabía que iba a ceder la iniciativa pero que no se iba a encerrar en su campo. Estamos de acuerdo en que Webb permitió demasiado en cuanto al nivel de las faltas y demás pero eso no esconde que España no tuvo circulación a partir del minuto 10 y que el equipo estuvo demasiado alejado de Villa. Apenas Pedro consiguió enlazar mediocampo con delantera en un par de ocasiones pero un jugador clave como Iniesta se mostraba francamente deslucido e inoperante.

En mi fuero interior se pedía a voces la inclusión de Llorente arriba para castigar a la pareja de centrales, liberar a Villa y sacar el partido de nuestro campo para meterlo en el suyo, con el fin también de aliviar una salida de balón que estaba siendo desactivada hasta el momento. Sin embargo, el técnico español tuvo que pensar que las tarjetas amarillas iban a penalizar la agresividad holandesa y prefirió no jugar esa carta y se centró principalmente en refrescar el mediocampo. Holanda comenzó a retroceder metros y el mediocampo español empezó a crecer. Tanto fue así que se confió demasiado y en una de ésas Sneijder conecta un eléctrico contraataque con Robben que acaba en el primer milagro de Casillas de la noche. La Oranje entonces se dio cuenta de que España era frágil con tantos metros detrás de la zaga y aceptó el juego de vivir en su campo, teniendo más al final otra muy similar el mismo Robben. La entrada de Navas apenas cambió nada salvo que las coberturas en ese lado del campo fueron más constantes por parte del doble pivote holandés e Iniesta, que había estado muy gris los primeros 60-70 minutos, pasó a recibir y asociarse más cómodo. De la mano de él vino la mejora del equipo en conjunto. Cesc fue el siguiente. Gran parte de la prensa advierte en este cambio la clave del partido. Yo, sinceramente, y coincidiendo en que su pase en el gol de Iniesta es perfecto y fundamental, no veo tal relevancia. El impacto de Cesc en el equipo no fue capital, como tampoco lo vino siendo en los anteriores partidos. Su capacidad de revulsivo fue menor que en la Eurocopa y que España ganara en posesión y en metros, en mi opinión, respondía más a la lógica del partido, al declive físico holandés, a la amenaza de expulsión en ellos especialmente y a que este plan les venía bien a ambos que a la influencia de Fábregas.

Finalmente, Fernando Torres ingresó por Villa en un cambio que se veía venir. El Guaje estaba agotado y el del Liverpool contaba con el gol definitivo de la Eurocopa de su parte. Torres no hizo sino confirmar que está fuera de punto, saliendo del área donde se vuelve inocuo y más dependiente del físico. España, sin embargo, trazaba desmarques con más confianza y sus jugadores de creación crecían en el partido. Iniesta, cuando no recibía golpes o se salvaba de irse a la calle (momento clave éste porque nos hubiera echado de la Final prácticamente), aparecía entre líneas con gran habilidad y peligro. En una de ésas, Heitinga se vio sobrepasado y abocado a la expulsión. Poco después, un error (para mí tremendo) de Van der Vaart como último hombre le da la opción Iniesta de decantar el partido y no perdona.

Con todo esto, si caemos en el análisis fácil, España fue superior a todas y ganó gracias a que mantuvo un modelo de juego atractivo y que debiera ser más imitado, especialmente por aquellas plantillas que cuentan con jugadores para llevarlo a cabo. Ahora bien, España no jugó bien en el concepto general del torneo. Fue claramente de menos a más en cada partido salvo en el de Alemania, donde sí dio la sensación de controlar, de dominar, de saberse superior y de plasmarlo, en definitiva, de ser un “superequipo”, y algo menos pero también ante Portugal. Ha triunfado un tipo de fútbol tan ideal que todos nos alegramos por ello, supongo que también fuera de España. Gana el fútbol con este triunfo, podríamos decir. Sin embargo, nadie debería defender que España en este Mundial ha sido un espectáculo y su nivel inalcanzable para el rival hasta el punto de conseguir la admiración unánime internacionalmente. El mundo del fútbol aplaude el éxito del ciclo más que del Mundial, donde el nivel medio de la Selección, así como sus resultados, ha sido excelente. La sensación que queda es que si no se hubiera conseguido previamente la Eurocopa, la brillantez de este triunfo hubiese sido menor y la comparación de esta Selección Española con las más grandes de la Historia quizás no se mantuviera.

Éste es el triunfo de un grupo de futbolistas que culminan un ciclo histórico apoyado en su enorme calidad técnica, táctica y humana, superando así un cambio de entrenador y un palo tan grande como es perder el primer partido del Mundial, y al que el favoritismo y el reconocimiento internacional le han generado más complicaciones de las esperadas en el terreno de juego. Hagámonos a la idea de que tal vez ya sea imposible que volvamos a ver el tiqui-taca en cada partido, con lo que igual no conviene ni esperar tanto; sin embargo, ha quedado la impronta de que España ha perseguido su esencia, la ha mantenido, la ha cuidado y ha dado sus frutos. Un ejemplo para todos aquellos equipos, de club y selecciones, que reniegan de fomentar una identidad propia con la que crecer.

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